Parodia de una empresa destinada al fracaso
Posted: martes, 27 de julio de 2010 by Alberto Parra in Etiquetas: Animales, Crecimiento Personal, Humor, Reflexión, Relatos
Relatos, Ensayos y algún artículo...


Si dicen que las ideas son fugaces, pues yo seré tan rápido como tenga que serlo!
Tengo en cola 3 borradores por publicar, adicionales a éste, y todavía me siguen viniendo más ideas a la cabeza, porque además de relatos, tengo 2 artículos en mente y quizás algo que se convierta en un ensayo.
Pero dentro de todos esos, dí prioridad a publicar éste relatillo rosita a petición de un lector. Sin nadie que lea, escribir no hace mucha gracia (aunque es verdad que no se necesita un lector para que el escritor disfrute de su arte), por eso aprecio tanto a las personas que me leen y les invito comenten sus impresiones, y quizás también peticiones. Si tengo algo como lo que quieren en el repertorio, también le daré prioridad.
Un abrazo, y aquí va...
Cualquiera que sea el asunto trivial, se convierte para nosotros en un emocionante tema de conversación. Sea como sea, lo importante es contar con una excusa para hablar.
Por eso no me extrañaría que, inmersa en nuestra emocionante conversación, no te hayas percatado de lo que yo advertí mientras caminabamos por ese sendero tortuoso en el parque. Y te sorprenderá quizás saber lo detallista que podemos ser los hombres cuando verdaderamente estamos enamorados.
Llegamos tomados de la mano y lo primero que hicimos fué sentarnos sobre una fría banca que se fué calentando poco a poco mientras conversábamos. Repentinamente te recordé hacia ya dos años y medio, y mis sentidos todos volvieron a ese momento en el que, trotando a paso ligero, el ejercicio y el frío me jugaron una mala pasada y el asma redujo mi respiración a un molesto silbido. Un par de bocanadas del inhalador fueron suficientes para que una linda chica de cabello castaño se fijase en mí, y alegando conocerme, "si, del curso de verano", comenzó una conversación, sentados juntos en la fría banca de una plaza.
Su figura, ni voluptuosa ni deficiente, sus ojos, vívidos e interesados, y su voz evidentemente honesta fueron suficientes para traer de vuelta a la memoria su nombre, el cual siempre relacioné al lunar de su rostro, oculto hoy de la punta de su nariz por... ¿maquillaje?
- Cindy, ¿vienes con ánimos de trotar?
- No, la verdad sólo pasaba por aquí.
Pero mientras la fría banca se iba calentando, del curso de verano pasamos a hablar sobre Mauricio, uno de los payasos del grupo, y luego de Daria, una de las más brillantes y con quién solía frecuentar. Pasó totalmente desapercibido el cambio de tema y terminamos hablando de una manera que el ambiente académico no lo hubiese permitido ni lo permitiría nunca.
Nos levantamos de la banca del parque y comenzamos a caminar tomados de la mano, sin detener nuestra infinita conversación. Sin embargo, mis recuerdos no se disiparon sino al contrario: caminando por el parque, entre árboles y vegetación diversa, no pude sino recordar los cuatro días siguientes a nuestro encuentro fugaz. Mi costumbre de trotar entre los árboles de la plaza a las 3:00 pm, previo reposo del almuerzo y cuando aún el sol calentaba un poco, me llevó de vuelta accidental o concientemente a la misma banca, nuevamente fría. Pero sin episodios asmáticos, retomaba mi paso entre vegetación bastante similar a la que nos rodeaba en el parque.
Al cuarto día, sin esperarla, recibí tu visita de nuevo. Aunque un depósito en el banco fué tu excusa por el momento, meses más tarde me aclaraste tus verdaderas intenciones. Y es que creo que sin una intención definida nunca hubieses hecho aquella pregunta inesperada: "¿Cómo te describirías a tí mismo, Roberto?"
Por primera vez hablamos de nosotros en una amena conversación, sentados en la misma banca, cambiando su temperatura en el mismo intervalo de tiempo. Pero algo sí cambió esa tarde, de forma tal que mi melodía antes de dormir fué orquestada con el tono de tu voz como primer violín.
Parece que estaba pensando mucho, recordando mucho, pues repentinamente dejamos de hablar y caminamos en un silencio todo menos incómodo. Habíamos aprendido a estar en silencio y disfrutarlo de forma tal que, indescriptiblemente, sabíamos la diferencia entre el silencio frío y ese silencio caluroso y deliciosamente reconfortante.
Hasta esos minutos de silencio absoluto me recordaron lo silenciosa que se sentía esa plaza al día siguiente, sin la compañia de tu voz. Lo fría que se sentía aquella banca sin el calor de tu cuerpo.
En nuestro sendero era inevitable encontrarnos con una escena como la que vimos más tarde, absortos en ese silencio reconfortante: Una pareja a los pies de un frondoso árbol, sus cuerpos próximos y sus manos mezcladas. En ese momento mi mente divagó un poco más, viendo de nuevo tu cuerpo en un traje más ceñido, y tus labios diciendo amenazante "A ver si eres tan varón como para dejarme atrás". Aunque la ocasión anterior había desafiado tu resistencia a juzgar por tus delgados brazos, no esperaba que dos días después cumplieras con tu palabra de trotar conmigo, mucho menos que siguieras haciéndolo casi tan religiosamente como yo. Y vaya que eras resistente, aunque en tono jactancioso nunca lo admití.
Es curioso que nuestras primeras citas fuesen más saludables que románticas, y aún más curiosas fueron las circunstancias de nuestro primer beso.
Tengo que admitir que en las sesiones de ejercicio en la plaza nunca pude dejarte atrás, aunque nuestras conversaciones de vez en cuando llevaban un cierto sarcasmo competitivo. Y, como quería escucharte por primera vez decir "espera, estoy cansada", te invité a un pequeño reto para escalar.
Aunque llegó un momento en que creí que sería yo quien diría las famosas palabras, mi machismo mantuvo mi trote aún con el dolor en mis pantorrillas, hasta que tu voz se escuchó más celestial que nunca cuando me pediste un descanso. A los pies de un árbol fué donde nos sentamos, nuestras espaldas contra el tronco.
Comencé a sentir más frío a nuestro alrededor pero nuestros hombros compartían su calor, y por alguna extraña razón no podía dejar de pensar en el contacto de tu hombro con el mío. Llevando, así, mi mirada hacia la zona de contacto, me encontré con tus ojos, y una mirada silenciosa de tres o cuatro segundos contuvo suficiente información, más que cualquier contrato cuidadosamente escrito y con su respectiva sección de letras pequeñas. Ambos lo firmamos con nuestros labios, el aliento agotado de nuestra respiración haciendo aquel beso único en toda mi historia.
Ahora que lo pienso, hubiese sido más bien vergonzoso que mi inhalador se hubiese entrometido, pero durante esa tarde no tuviste ninguna razón para cuestionar mi condición física. Más bien, tus brazos a mi alrededor y tus manos fugitivas me hicieron pensar que tus burlas sobre mi físico no eran más que para sacarme una carcajada de vez en cuando.
El sonido de tu voz me despertó de mi ensimismamiento. Te reías mirando a un pequeñín sobre las ramas de un árbol que nos gritaba chistosamente sólo para llamar la atención. Desde aquel árbol el chico se sentía gigante y quería que todos lo miraran, al igual que yo parecía minúsculo al lado de tu amor y me sentía orgulloso de portarlo en mi pecho. Nuestro amor se hacía cada vez mayor, y yo me agrandaba junto a él. Tal como las dríades crecían con los árboles y morían junto a él, mi árbol eras tú desde el momento en el que firmé el contrato. Y fueran cuales fueran las letras pequeñas estaba decidido a firmarlo con sangre si era necesario.
Mis pasos en el parque estaban, en realidad, fríamente calculados y aunque tú querías tomar otro camino diferente, yo te guié por un sendero un poco más estrecho y que comenzaba con unos escalones de piedra infiltrados en hierbas. De modo que hacia abajo nos dirigimos, unos veinte escalones a veces ligeramente resbaladizos.
Y es que, al igual como en todo sendero el camino no es ni tiene que ser perfecto, toda unión entre dos seres de origen, costumbres y pensamientos diferentes tiene sus períodos oscuros, y a veces inclinados en un descenso brusco que parece nunca terminar. En esos momentos, más que el enamoramiento inicial, es el amor maduro y sólido el que prevalece.
Cuánto siento haber visto tu rostro furioso, tu mirada inquisidora y tu voz celestial pronunciando frases ásperas, estocadas a mi corazón, sin embargo momentos así y aprender a superarlos a través de los años fué lo que nos trajo hoy hasta aquí. Fué lo que fortaleció nuestra convicción de permanecer juntos y lo que nos demostró que efectivamente sí podíamos hacerlo.
Ahora eramos como el riachuelo que corría a nuestro lado cuando finalizó el descenso. Ibamos cada vez más rápido independientemente de las rocas y obstáculos. Bramíamos con estrépito, dándonos a conocer hasta en las distancias. Y teníamos un rumbo fijo, el cual nuestros pies inevitablemente alcanzaron: Una laguna blanca y tranquila, pequeña y reservada.
La desembocadura de nuestro río yacía en ese lugar, y fue allí donde, después de una amena charla, te comenté sobre un "pequeño" regalo que "tenía pensado" darte.
Tu rostro, tu mirada, tu sincera expresión son y serán siempre mi más precioso recuerdo, cuando ese diminuto diamante escribió un contrato más. Uno que tus ojos, sin decir una sola palabra, firmaron junto a mí. Uno que no sería vencido por el tiempo, que no se marchitaría con el sol.
Así fue como la desembocadura de nuestro riachuelo arrancó lágrimas de alegría a tus ojos, trazando ahora nuevos senderos, nuevos caminos, nuevos silencios, nuevas escenas, nuevos niños sentados sobre las ramas de un árbol, nuevos descensos, y nuevos riachuelos que ésta vez correrían agua para siempre.
Una vez más, escribo sobre un insecto, y aunque ésta vez será algo muy diferente, algo sigue siendo lo mismo: La fuente de inspiración fué un insecto literal. En éste caso, un insecto palo que habitó una de las macetas de mi casa... Aunque no es una historia real, algunos pequeños momentos si ocurrieron en realidad.
Algunas personas quizás pie
nsan que el diseño de juegos de video es un trabajo envidiable...
Reconozco que ser probador de juegos (game tester) fué mi sueño desde que supe que tal profesión existía. Y en prolongadas, y a veces también acaloradas discusiones entre yo y mis amigos, nunca nos ponemos de acuerdo sobre qué es más odioso: perder dias de tu vida buscando todo tipo de bugs en un juego que puede que ni siquiera te guste... o sentarte frente al computador durante horas, intentando que la estúpida estructura 3D acople la textura como tú quieres... y ni hablar del dolor de cabeza de las luces y las sombras...
La verdad, creo que en las discusiones siempre llevo las de ganar, pero para tratar de evitar escuchar la lengua del Pipe, accedo con un "Bueno, cada quién tiene su opinión".
Pero estoy seguro... diseñar es peor que probar.
Aquel día por ejemplo, tal parecía que mis lentes antireflejo no daban abasto a las horas interminables frente a la pantalla. Mi vista estaba ya cansada y me atormentaba una cefalea muy leve, pero muy persistente... quizás peor a un dolor de cabeza con nombre y apellido, donde hay razón suficiente para un calmante, y ya, se alivia. Sin embargo, ese día me había propuesto terminar de armar los bloques del suelo de los escenarios, y chequear otra vez todo lo que había hecho hasta los momentos.
La luz del monitor ya me comenzaba a marear, dejé de contar las veces que me llevaba las manos a la cabeza y me frotaba los ojos, y finalmente, lo que faltaba: el teclado que sostenía sobre mis piernas amenazó caer al suelo, y sosteniéndolo con las manos, presioné un acceso directo que copió tantas veces la estructura con la que estaba trabajando, que terminó colgando el programa y la máquina.
El golpe que lancé al escritorio sacudió todo, por poco derramando el vaso de agua que había traído hacía no más de 15 minutos, así que respiré profundo y quitando el peligroso vaso de vídrio del escritorio, volví a irrumpir un golpe seco sobre la tabla. Intenté de nuevo con el computador, quizas pensando que los golpes le habían asustado, pero aún no respondía.
"Una nueva memoria RAM, definitivamente" pensé, mientras tomaba el vaso de agua y salía de la habitación. Si me quedaba un segundo más, quizás comenzaría a proliferar un condenado cáncer ante la espera.
Fué eso lo que me impulsó a salir al jardín ese día, cosa que hago muy poco, quizás nunca. Y más aún, recordando lo que los viejos dicen sobre rociar las plantas para liberar el estrés, tomé el rociador y por primera vez quizás en más de 6 meses, les dí un poco de agua.
Mi jardín, o más bien, el jardín de mi madre, es bastante grande, igual que la casa. Hay dos árboles de tamaño mediano y el resto son abundantes arbustos y macetas sobre un césped bien cuidado. No había terminado de pasar el minuto y aún pensaba en el computador, que ya debía estar respondiendo bien. Pero aún me dolía ligeramente la cabeza y parecía que la tensión en mi cuerpo crecía, pero el caso era que apenas comenzaba a darme cuenta de lo cansado que realmente estaba. Decidí quedarme un momento más, pasando de los árboles grandes hacia los pequeños con el rociador, y luego a las macetas.
El olor de las plantas y la tierra abonada húmedas, el color de la naturaleza a la que le proveía vida, me respondía con una calma y una cierta sensación que hayo difícil de describir. El movimiento libre de hojas y ramas con el viento me liberaba, el canto fugaz de uno o dos pájaros me llenaba de expectación, los colores aliviaban mi vista y daban un descanso a mis lentes antireflejo. Así estuviera atrapada en macetas, o artificialmente colgada, ese pequeño escape natural terminó haciendo el momento de espera más bien corto. Llegué a un punto en el que dejé de recordar el computador, el diseño que estaba por terminar y la falla que terminó por echarme de mi propia habitación.
Ahora me deleitaba mirando cómo las ramitas, las hojas y las flores se movían por el agua del rociador. Y vaya sorpresa cuando mi mirada perdida comenzó a localizar movimientos en las ramitas de una maceta. Movimientos ajenos, independientes del rociador, y que, aunque inicialmente atribuí a cualquier causa, luego me llamaron poderosamente la atención y me hinqué en obvio interés.
Fué la intranquilidad de sus patas lo que le delató. Allí, inmóvil, intentando retomar el equilibrio ante la inestabilidad que el rociador causaba a su hogar. Allí, camuflaje desenmascarado por un par de ojos hinchados. ¿Es eso acaso el cuerpo y las patas de algún insecto? Mira, al extremo de lo que parece una ramita mezclada con el resto de las ramitas de la planta... ¿No es ese un par de ojos?
Increíble. Primera vez en mi vida que veía algo tan singular e interesante. "Quédate allí" pensé y de inmediato busqué mi cámara digital, aunque no sirvió de nada pues el camuflaje era tan fiel que verdaderamente se hacía difícil lograr una buena toma sin correr el riesgo de espantarlo.
Por un momento, ví como el pequeño insecto palo se movía de adelante hacia atrás, perezoso, en el mismo lugar. Examiné cada parte de su fisionomía. Las patas, y cómo el color verde moteado se veía similar a una ramita recien nacida. El cuerpo, una perfecta réplica de una rama. Sus curiosos ojos en uno de los extremos.
La verdad es que no tengo idea cuánto tiempo estuve contemplándolo, pero estaba seguro de que al día siguiente no estaría allí, así que mientras podía hacerlo, sólo podía pensar en aprovechar el momento.
No fué que me cansé de verlo, pero tuve que despedirme aquel día y volver a mi computador para borrar unas 30 veces el modelo repetido y seguir con mi trabajo
Sin embargo, al día siguiente, vaya sorpresa me llevé al ver que el insecto palo de mi jardín seguía allí. Había tomado un ligero cambio de posición por lo cuál inicialmente casi daba por vencido mi búsqueda entre las ramitas y volvía a mis modelos 3D. Pero estaba allí, y así confesó mi muro en el Facebook durante esa tarde y parte de la mañana siguiente.
No sé en qué momento la visita al pequeño insecto se hizo rutinaria. Una, dos y hasta tres veces al día me dirigía hacia la misma maceta, y allí estaba, a veces advertido sólo después de una mirada más de cerca. Sea como sea, nunca dejó de ser interesante mirar al pequeño e inmóvil animal. ¿Sabía acaso que había sido atrapado por mis ojos? ¿Reconocía mi rostro después de una semana de visitas? Y más aún... si estaba allí siempre, desde hacía ya varios días... entonces ¿Con qué se alimentaba?
Ésta vez, las ventanas minimizadas en mi computador eran las de los dichosos programas que me sacaban de quicio. Y algo que fallidamente intenté fué saber de qué especie se trataba... cabe decir que me tuve que conformar con decir: "ahh se llaman fásmidos", y abandonando la confusa tarea de diferenciar colores y formas entre especies, me enteré de que éstos pequeños eran hervíboros y generalmente vivían en un árbol o planta durante toda su vida adulta... Es decir que probablemente no desaparecería de repente, como inicialmente tenía pensado... Ahora que lo sabía, haber ido a buscar apresuradamente mi cámara para fotografiarlo, como si fuese alguna especie de saltamontes, fué algo verdaderamente absurdo.
Cuando leí sobre su apareamiento y reproducción, comencé a tenerle aún más cariño. Cómo hubiese querido que mis plantas albergaran a sus crías. Además, por alguna razón, comencé a pensar que tal criaturita me otorgaba desde la maceta muy buena suerte con mis diseños, pues las mejoras en mi desempeño eran evidentes. No me daba cuenta de que la verdadera mejoría respondía a mis mejores intervalos de descanso en compañia de la naturaleza, sus olores y la brisa del viento, y no subiendo de nivel a mi elfo en WoW mientras mis lentes antireflejo gritaban por un año sabático.
Sí que fué triste aquel día. Aquel día en el que me percaté: durante semanas curiosamente encontraba a la criaturita en la misma ramita, en la misma posición. Aquel día en que, inspeccionando bien su par de ojitos, me di cuenta de que uno de ellos parecía estar roto, como perforado. Tal hallazgo me llenó de un amargo sentimiento, algo que sólo había experimentado cuando cerraron el servidor de mi multijugador online gratis favorito... Mirando más de cerca parecía que el daño se extendía aún más. Y efectivamente, al atreverme a tocarlo a pesar del temor a ahuyentarlo, me di cuenta de su inercia. Lo recogí con mis manos y, mirando a traves del orificio de sus ojitos, me di cuenta de que todo su cuerpo era hueco, cual minúsculo tubito de madera.
El ciclo de la vida... Ya seguramente las hormigas habían hecho de las suyas. Ese día, más que cualquier otro hubiese querido ver un minúsculo insecto palo, cría del anterior, pero sabía lo activos que eran éstos pequeños y lo improbable que era su estadía en un solo lugar. Sin embargo, después de ese acontecimiento estremecedor, las cosas no cambiaron mucho. El insecto palo me seguía dando buena suerte, ahora desde un pequeño arreglo que hice con su cuerpecito. Mi motor de búsqueda comenzó a albergar una lista creciente de nuevas palabras. Y las visitas al jardín no se suspendieron sino más bien se intensificaron. El leveo de mi elfo de WoW se estancó un poco, pero ahora era yo quien rociaba las plantas, y en ciertas ocasiones que lo hice entrada la noche, juré haber visto un pequeño correteo en el césped que mi mente predispuesta atribuyó a éstos pequeñitos. La verdad es que había leído algo sobre su actividad nocturna mas nunca había observado tal cosa de primera mano... No, nunca tuve esa dicha hasta el día de hoy.
Es el primer post que escribo acerca de mi.
Para comenzar, el diseño del blog aún no está completo. Ocurre que una de las cosas que pido de mis lectores es el respeto del copyright o derechos de autor, y por tanto, me veo obligado a tambien desplegarlo con los artistas que contribuyan con imágenes para animar un poco el ambiente del blog. Ya tengo mejor definida la plantilla de diseño, pues aunque me gustaba mucho la anterior, me daba problemas con la nube de etiquetas y otros detalles, pero faltan algunas imágenes que guiarán a las categorías principales: relatos, ensayos, artículos, y sobre mí.
En cuanto a mi, soy Venezolano, estudiante de medicina y desde alrededor de mis 12 años escribo cuentos y relatos, inicialmente de fantasía. Posteriormente fueron cuentos más largos y hasta proyectos de libros de fantasía, sin embargo ahora he cambiado muchas características en mi forma de escribir y la fantasía no es casi nunca el tema principal.
Por un tiempo muy largo he dejado de escribir, en respuesta a mi carrera, medicina. Sin embargo vuelvo a hacerlo en vista de que es una habilidad que deseo seguir cultivando. Y también porque muchas veces necesito una vía de escape para todo ese estrés acumulado.
Por ello he creado el blog, y por eso el primer post tiene ese tema, al igual que el titulo de todo el blog.
Me alegra mucho la visita y la lectura de cada uno de ustedes, y de corazón espero les guste lo que leen.
Mas detalles tecnicos:
La sección sobre mí tendrá la etiqueta "About" y directamente se puede accesar de varias maneras:
1. encontrando la etiqueta en la nube de etiquetas a la derecha
2. clic simple en mi foto, en la barra lateral
3. Y aqui viene algo nuevo... Cada entrada sobre mí contendrá una estampilla que se irá agregando a una colección en la barra lateral. Esperemos la colección crezca con el tiempo jajaja
El hecho es que cada estampilla llevará al post sobre mí que la introdujo.
Para quien no entendió, simplemente, cada vez q escriba sobre mi agregare una estampilla en la barra lateral. Y se accesa a la sección sobre mí dando clic en mi foto basicamente :)
Ya hable de los detalles tecnicos, tenia que hacerlo. El proximo post sobre mi no va a ser tan latoso, espero.
Y bueno como mi primera estampilla de la colección, quiero agregar la que utilizaré en todos o casi todos los posts, la de Copyright.
Un abrazo grande!
Un muy buen amigo y yo tuvimos una interesante conversación en la que me di cuenta de que, aunque creía que tenía una buena cultura general con respecto al continente Asiático... la verdad es que parece que éste va más allá de mis alcances !!! Por eso me animé a escribir sobre una etnia que él nombró y que con vergüenza tuve que decirle que nunca la había escuchado antes !!!
Aquí va...
Ya muchas veces me ha pasado:
- Mira, allá, son chinos.
- No, no son chinos, están hablando japonés.
- Ahh... bueno pero igual, son chinos
Aunque no es el objetivo de éste artículo, primero que nada quisiera resaltar las diferencias entre los asiáticos más confundidos, Koreanos, Japoneses, y especialmente Chinos y Taiwaneses. Aunque a veces también los habitantes de Mongolia, Malasia, Filipinas, etc... se pueden confundir.
A muchos nos da un poco de pereza tomar un mapa mundial y ubicar los paises, pero creo que es lo básico.
Puesto fácil: Japón, la isla grande del Océano Pacífico... con su kabuki, samurais y el hermoso animé japonés. Korea, en el continente asiático, en la costa este, en una península donde se encuentran tanto Korea del Norte como del Sur, separados desde el final de la segunda guerra mundial. Culturalmente, los Koreanos tienen una lamentable historia con Japón, por la cual aún mantienen resentimientos.
Y ya un poco más donde quiero entrar, China, Taiwan.
Ambos son China... pero una es la República Popular China, el país enorme, el país con mayor cantidad de habitantes... mientras que la otra es la República de China, una isla más pequeña llamada también Taiwan.
¿Por qué la confusión? Al igual que Korea, hubo una separación mediante la llamada "Revolución Xinhai", o Revolución de 1911. Con ésta revolución ocurrió la caída de la última dinastía, la dinastía Qing, y fué entonces cuando comenzó la división, aún vigente y controversial, entre China y Taiwan.
A lo que quiero llamar la atención con esta pequeña introducción es... que las cosas no son tan simples como parecen a primera vista, y que hay algo más allá detrás del epicanto y los "ojos estirados".
De hecho, dentro de la misma china hay 55 grupos étnicos oficialmente reconocidos, y quién sabe cuántos que aún no están registrados.
Entre ellos, el grupo del que quiero hablar, los Hmong.
Ellos principalmente vienen de regiones montañosas de Vietnam, Laos y Tailandia, sin embargo, muchos también son parte de la etnia Miao, al sur de China, los cuales, si bien no son sus ancestros como tal, los rastros históricos se relacionan muy de cerca y terminan mezclándose. Y aquí viene lo interesante, que aunque ese es su origen, actualmente están esparcidos en todo el mundo... como refugiados, desde su búsqueda de asilo político en 1975.
Y en éste artículo pretendo exponer un poco sobre sus razones.
La guerra de Vietnam. Por los años 1960. Los Estados Unidos comienzan a envolverse oficialmente en el conflicto. La CIA comienza a reclutar, entrenar y dirigir ataques, utilizando los grupos Hmong para la ofensiva. Durante 10 años, unas 12000 muertes de Hmong, en respuesta a una guerra civil contra el partido comunista en Laos.
Posterior a la retirada de Estados Unidos, éste mismo partido comunista vuelve al poder y los Hmong comienzan a ser objeto de intensa persecución, como retribución a su participación en la Guerra Civil de Laos.
Y es ésto lo que marca el inicio de una intensa campaña de persecución y maltrato a ésta etnia. Fué entonces cuando comenzó la migración, principalmente de Laos a Tailandia, no en las mejores condiciones, sino bajo persecución y ataque de sus enemigos. Además de que huían, además de que dejaban atrás hogar, costumbres y su vida en general, la travesía constituía una amenaza más contra su vida.
Comienza el éxodo de los Hmong, nada más y nada menos que a campos de refugiados de las Naciones Unidas.... Palabras como comodidad, individualidad y privacidad se perdieron entre miles y miles de refugiados que, cada vez más, se sumaban a las interminables filas del desayuno.
Un año, dos, tres años.... Diez años aproximadamente transcurrieron y comenzó una campaña de repatriación hacia su país original, Laos. Pero aún el país no olvidaba su rencor, y nuevamente, Tailandia fué su hogar, los campamentos de refugiados constituían mayor alivio a su anhelo de seguridad. Y mientras más repatriados volvían, contando historias de trato brutal, desprecio y maltrato, más se aferraban los Hmong refugiados a su único sostén seguro en Tailandia.
No fué sino casi 20 años después de su migración, y posteriormente de nuevo en 1996, que se les concede el permiso de asilo político a naciones occidentales en vista de la amenaza a su vida que implicaba volver a su propio país natal.
Un nuevo éxodo comenzó, un nuevo éxodo internacional a países occidentales, huyendo de su vida, huyendo de su país, amenazando con olvidar sus costumbres y sus orígenes, su cultura y sus tradiciones. Pero muchos aún no habían corrido con suficiente suerte y residían aún en un campo de refugiados que estaba pronto a cerrar sus puertas.
Cuando el campo de refugiados de Tailandia fué cerrado, el alivio temporal cesó, y alrededor de 15000 de su raza se vieron obligados a realizar un nuevo éxodo, un nuevo cambio. Sin hogar, sin seguridad, sin posesiones, muchos Hmong tuvieron que compartir residencia en un monasterio budista que sirvió de asentamiento temporal.
Pero ni siquiera su nuevo refugio duró suficiente como para llamarse hogar, tampoco su paz fué duradera, pues durante el año 2003, Tailandia comenzó a amenazar a los refugiados con remoción forzosa de sus territorios. Remoción forzosa, un buen eufemismo para denotar genocidio, quizas. Ante la presión política, hubo una nueva corriente migratoria hacia los Estados Unidos, y muchos Hmong huyeron dentro del mismo territorio Tailandés, por temor a ser repatriados. Perseguidos militarmente por Tailandia para volver a Laos, donde les esperaban nuevas armas, nuevas amenazas.
Éstos grupos de refugiados, desde inicios del año 2010, están siendo removidos forzosamente por la milicia de Tailandia hacia su país natal, para recibir en su propio país un trato quizás peor.
Racismo, Nacionalismo, Genocidio incubierto con política barata, mientras la rica cultura Hmong se pierde esparcida en el aire, sustituída por la amarga realidad de un mundo que no sirve para nada.
Y muchos de nosotros, mientras tanto, quejándonos de nuestra situación, política o personalmente. Vaya ironía...
Al principio no tenía en mente un relato tan irónico. Pero es como el amor, una cosa llevó a la otra y éste es el resultado final
Siempre había sido y siempre ser
ía el mismo.
Hombre galante y perfeccionista, propenso a lujuria y dado a fastuosas comodidades.
La luz del día ha osado tocar el borde de sus párpados con sigilosa parsimonía. Ha de levantarse evitando excesivo doblez sobre sus lisas y blancas sábanas, mientras repara en el excelso Rajmáninov, su nueva afición musical, que el tocadiscos del comedor reproduce fielmente con minutos de anterioridad. Las zapatillas colocadas a 20 centímetros de su lecho calzan ya sus pies, la bata colgada en lo más alto de su perchero se ciñe ya a su cintura, y sus pasos ya se dirigen a la ducha, donde el sonido del agua enmascara el final del Allegro scherzando.
Es el momento clave de la mañana, por el cual el anterior mayordomo fué despedido y amenazado de muerte si volvía a mostrar su "descuidado frac" en la vecindad. Y es que, en el momento preciso que cesa la caída del agua que lo imbuye, el servicio debe iniciar de nuevo la reproducción del Rajmáninov desde el segundo movimiento, su favorito, y ubicar el plato de su desayuno sobre el mantel dos segundos después de su entrada al comedor.
"No estoy pidiendo que cambien mis ropas, por dios!"
Por lo menos, tal cosa podía hacerla él mismo antes de salir de casa.
La llegada nocturna de su automóvil sería lo que señalizaría el inicio de la misma música, desde el principio, mientras el servicio terminaba de organizar su cena, consistente de al menos tres platos, uno de los cuales debía contener carne blanca. Nunca mariscos, pues temía ser alérgico a ellos.
Ésta segunda etapa requería de extraordinaria habilidad y sincronía, pues la mesa debía estar limpia mientras se dirigía a su habitación, y al escuchar sus pasos de vuelta al comedor, debía comenzar a ser servida, comenzando con el plato principal desnudo frente al asiento, los otros dos cubiertos para alimentar su expectación y no retraer su apetito. Finalmente, al momento de sentarse debía estar comenzando el segundo movimiento de Rajmáninov, para lo cual, si era necesario, debían ingeniarselas con el volumen para que la armonía de la pieza no se viese comprometida.
Al introducir y ofrecer el tercer plato, el servicio podía retirarse a sus aposentos, la casa de servicio, al otro lado del jardín, mientras el concierto para piano número 2 de Rajmáninov iniciaba su tercer y último movimiento. Posteriormente, la aguja del tocadiscos volvería a su posición original por sí sola, marcando el momento esperado para volver a la habitación.
Sin embargo aquella funesta noche, un desprevenido o quizás planeado giro del destino, arremetió contra la vida del inocente hombre cuando a mitad de bocado, el tocadiscos lanzó un alarido y, trabado, comenzó a reproducir una y otra vez la misma porción mientras el bolo alimenticio gentilmente ocluía la respiración del amable señor.Al compás inaudito de la música, tintinearon los cubiertos contra la vajilla, el mantel se corrió, arrancado de sus fundamentos por un puño cerrado mientras el desgastado hombre forcejeaba y se echaba al suelo. Los platos y comida restante cayeron con él, pretendiendo adornar aún más el diseño floreado de la cerámica. Quizás fué la magna impresión del desastre la que propulsó el hondo bramido que devolvió la respiración a su autor.
La respiración entrecortada se cortaba aún más ante la desesperante música, que secuencialmente reproducida, rechinaba en su fino oído de forma tal que no importó la saliva que aún empapaba su barbilla, se levantó hacia el tocadiscos y se dispuso a apagarlo.
La música cesó, su barbilla ya estaba limpia, y ahora contemplaba el soberano desastre. En su vida no había presenciado escenario tan apocalíptico, por lo cual, ensimismado, siguió contemplando. Los bordes rotos de la vajilla... "pude haber mutilado mis manos". La deliciosa comida esparcida... "no volveré a comer pavo nunca más". Y... repentinamente, en medio de la noche tranquila y silenciosa, el majestuoso canto de un grillo ofreció acompañarle en su velada, ahora que Rajmáninov no podía complacerlo.
El color de su rostro reflejó su pasión por el insecto, y profiriendo un furioso chillido, asestó un golpe seco a la mesa del comedor, destinado a calmar su furia, pero suficientemente fuerte como para desestabilizar el remiendo que mantenía en pie las patas del antiquísimo mueble victoriano. Desde su esquina, la mesa se vino abajo, amenazando con castración de no ser atajada, mientras el grillo, quizas en sentido de culpa, guardó silencio, contemplando con curiosidad como aquel hombre de finos modales en la mesa, ahora sostenía su peso y la llevaba al suelo.
Pero el silencio no duró cinco segundos. El insecto estaba seguro de que sus cuerdas vocales podían reparar el daño. El hombre miró a los lados, caminando en el comedor, rastreando el sonido, y fué entonces cuando se dió cuenta de lo absurdo de sus actos, y se dirigió al teléfono para llamar al servicio.
La línea, quizas años atrás sin ser utilizada, no respondió, ni siquiera al aparatoso golpe contra el suelo, el cual por lo menos confirió silencio a la habitación por cinco segundos más. Pero de nuevo, el animal insistente prosiguió con su naturaleza.
Hombre como aquel no habría de atravesar el jardín, tocar la puerta al servicio y pedir su asistencia. Impensable, constituiría alto escarnio a su porte. Más bien, dirigióse a su habitación, desde la cual el canto del insecto era imposible de escuchar.
Aquí... aquí todo estaba en orden. Era un ambiente completamente diferente al apocalipsis del comedor.
Sin embargo, no pasaron 10 minutos en cama y el hombre se hallaba de pie, calzado con sus zapatillas. ¿Cómo pudiera un hombre tan honorable compartir recinto con una criatura tan vil? Se había rehusado a vivir con la servidumbre, que al fin y al cabo eran hombres, y ¿se reduciría ahora a vivir rodeado de animales? Imposible.
Desde el lúgubre pasillo se escuchaba el poderoso canto y en el comedor se hizo ensordecedor. Donde quiera que el hombre mirara, donde quiera que el hombre se posicionara, el grillo y su canto parecían igual de intensos. Quizás un lugar como éste, diseñado para comer en compañía de suave música, era capaz de ampliar de tal forma la acústica que no dejaba lugar al rastreo de su procedencia. Hombres descuidados, no tomando en cuenta un detalle de tal magnitud. Mañana a primera hora manifestaría su queja a su diseñador de interiores, o al arquitecto, o a quien fuese culpable de tal desfachatez.
Pero ahora tenía que doblar su cuerpo al suelo para rastrear mejor la fuente de su angustia, caminando a tientas sobre sus rodillas. Ya era capaz de reconocer pequeñas variaciones del sonido que comenzaron a guiar sus pasos. El hombre cada vez se acercaba más al grillo, y bien lo sabía su corazón rebosante.
"Estás cerca, asquerosa criatura" pensó, y como respuesta a su muda burlonería, el magnífico canto cesó. El hombre abrió los ojos de par en par haciendo una tosca mueca con su boca. Hincado a centímetros de la pared, un ornado mesón con un bello jarrón a su derecha, la mesa del comedor lejos a su izquierda y un par de muebles frente a sí: una hermosa alacena vajillera, y el condenado tocadiscos.
A pesar de no escuchar su canto, sabía que uno de éstos dos muebles contenía al animal. Dada la suerte de la noche, posiblemente el mismo elemento que comenzó el desastre habría de terminarlo. Era seguro, el animal se encontraba detrás del tocadiscos y le había inyectado alguna suerte de mal augurio. Mañana a primera hora se aseguraría de quejarse con su jardinero. Suficiente dinero se le extendía como para costearse un buen insecticida.
Pero mientras tanto, procedió a enderezarse para acabar con la criatura. Dolor. Un grito salió de su boca. No podía devolver su espalda a su lugar, pues cada vez que intentaba enderezarse, un súbito dolor le respondía e incapaz de contenerse, lanzaba un grito herido.Al cuarto intento comenzó a desesperar y su respiración se aceleró. Intentó caminar hacia el asiento más próximo pero cada paso que daba aumentaba el dolor. La mesa era su salvación, la mesa del jarrón, la cual, a respuesta de sus burdos movimientos de incomodidad, se despojó del bello ornamento de vidrio azulado, echándolo al suelo con tal estrépito, que la espalda del hombre se hizo cada vez más pesada sobre sus piernas y ni siquiera sentarse era ahora suficiente.
Jadeando, las manos en la espalda, encorvado y destruído, el hombre cayó al suelo, donde consiguió un alivio mayor que cualquier otro. Hasta que el grillo volvió a contribuír con su discurso ensordecedor. Pero cada vez más, la cólera se convertía en cansancio y mientras éste más relajaba su cuerpo, más cesaba la tortura de su espalda.
No es necesario decir cuán trastornado se mostró el servicio al ver la escena. Mesa rota, comida en el suelo, vasija quebrada, manteles manchados, jarrón destrozado, y el hombre durmiendo alrededor de vidrio azul.
La verdad es que, ese mismo día, a primera hora, Rajmáninov no dirigió la orquesta y el desayuno no estuvo cronometrado con la ducha. Y al levantarse del suelo, el hombre no tenía muchos en contra de quién quejarse, no porque no fuese esa su voluntad sino porque en vez de hombres, los que lo acompañaban eran una docena de cartas de renuncia.
De veras hay personas importantes en nuestras vidas, que son como nuevos artistas que moldean nuestras ideas.
Escrito para esas personas y especialmente para uno de ellos y la lección que de él aprendí.
Pocas son las person
as que podemos señalar como nuestros maestros, nuestros tutores. Mentores de ágiles pensamientos que moldearon los nuestros con el arte robusto y delicado de un escultor.
Sin embargo, no por ello concluiríamos que lo que hoy somos se debe a pocas manos contribuyentes. Aún no siendo mentores, la influencia de un amigo sabio puede ser decisiva, cual cincel que esculpe las facciones de un rostro tallado en madera vírgen.
Así, puede tanto perfeccionar la labor de los antecesores, como también deformar la esbelta apariencia empeñosamente grabada en materia inerte y sin vida, derrumbando en pocos instantes el sudor que cincel y martillo imprimieron, deshaciendo la visión que el artista albergaba.
Hoy, sin embargo, el cincel en las preparadas manos del colega se dedicaron poco menos que a perfeccionar la labor aún incompleta.
Se hace cada vez más habitual la nefasta costumbre de dar por entendidas aquellas palabras, las cuales, por sí solas, pueden ser capaces de obrar enormes efectos sobre aquellos a quienes amamos.
Es cuando más lo necesitan, cuándo lo pide a gritos su lenguaje corporal, y a veces hasta el físico, que nuestros labios se dignan pronunciar "te amo", "eres importante", "todo te lo debo a tí".
¿Es acaso menester llegar a la gravedad, la depresión y la enfermedad, para romper el vidrio de seguridad del orgullo y apagar el fuego que el silencio no previno?
"Ya él lo sabe"
"Ya ella lo sabe"
"¿Para qué repetirlo?"
¿Acaso no suena como palabrería vacía y sin sentido? ¿Acaso no suena a orgullo, quizás hasta desinterés?
Muchas veces, a fin de convencer a un escéptico del cariño que le profesamos, no basta un gesto, ni una acción, sino tres aspectos igual de vitales entre sí: gesto, acción y palabra.
Y muchas otras veces, quien verdaderamente es amigo o proyecta serlo, notará la intención si sólo uno de éstos tres aspectos se le presenta galante.
"15 minutos... aparta 15 minutos de tu tiempo para alguien más, y dedícaselos sin reservas"
Llámese lucha contra el individualismo, buena acción del día, prueba de nuestro interés, búsqueda de nuevas relaciones, sea cual sea el objetivo, sea cual sea el pensamiento impulsor, todo vale siempre y cuando se mantengan la sinceridad y la buena voluntad.
La mayoria de las veces, hasta 15 minutos pueden ser suficientes para causar una gran impresión en alguien cercano, o para convertir en amigo a un conocido lejano.
El primer texto que escribo desde hace ya un buen tiempo.
Parte del relato ocurrió realmente, y fué lo que me impulsó a escribir ésto y abrir éste blog.
Espero sea de su agrado y comenten ^^,
Muchas veces encontré, entre enseres y efectos personales, atavíos y trapos viejos, y una que otra repulsiva criatura roedora, antiguos papeles, amarillentos por el tiempo y la mala calidad del material. Hojas de papel cualquiera, ¿Quién habría de necesitarla, ahora amarilla y desvencijada? De no reparar en los dibujos en él impresos, hubiesen formado parte del amplio continente que llena mi basurero.
Fué, sin embargo, una palabra la que cautivo mi atención, escrita con la caligrafía infantil de quién poco conoce de la profesión y el arte de la pluma. "Eres una flor" se leía, o intentaba leerse sobre el dibujo de lo que, después de muchas miradas arqueadas, podría interpretarse como una rosa.
Mucho tiempo no fue menester para recordar mis jóvenes manos ejecutando la autoría de tan pequeña obra, y el rostro de mi madre cuando se lo presenté orgulloso.
Insaciable, inicié una travesía desconocida entre cuadernos corroídos, polvo, papeles y libros, encontrando la misma caligrafía con nuevos mensajes: "no quiero verte mas", "que bonito el contenido de este libro", y algunos con poco sentido, como "wowowowowow". Si bien no reconocía el momento en el que cada uno de ellos fue escrito, sí podía posicionarme temporalmente en esa mentecilla autora. Más aún lo logré al encontrar las primeras notas y los primeros relatos que mi jóven mente ingenió.